Ayer llegaba sin tiempo a casa para hacer la comida y, para que nos vamos a engañar, con bastante pereza. En estos casos no hay nada mas socorrido que la pasta, en 10 minutos está lista.
Con este parón tengo el bote de las galletas vacío, así que voy a empezar con una receta dulce.
En los envases de harina de maiz de un molino de mi pueblín viene una receta de galletas muy sencilla y que salen muy ricas. Pero como mi madre tiene unas manos de oro, hizo una versión que mejora en gran medida su sabor aunque también el ancho de cintura.
No es que me haya olvidado del blog, me quedan muuuuuchas recetas por colgar, pero tengo el dedo malito y con tanto vendaje estoy de lo más torpe, tanto para cocinar como para teclear.
Y de nuevo a vueltas con el chocolate, esta vez con leche condensada. Estas galletas, de aspecto resquebrajado, quedan dulces y cremosas, con unos tropezones de almendra, uuhm, para chuparse los dedos.